Monitor de política fiscal – abril 2020

La pandemia de COVID-19 ha golpeado en el contexto de un crecimiento global lento, con baja inflación y tasas de interés nominales. La pandemia ha elevado la necesidad de acciones de política fiscal a un nivel sin precedentes. Se analiza el papel de la política fiscal para salvar vidas, proteger a las personas y empresas más afectadas por la pérdida de ingresos, desempleo y quiebras; así como reducir la probabilidad de que la pandemia provoque una depresión profunda y duradera.

El costo humano de la pandemia se ha intensificado a un ritmo alarmante, y se prevé que el impacto en la producción y las finanzas públicas sea enorme. Las respuestas de los gobiernos deben ser rápidas, concertadas y proporcionales a la gravedad de la crisis sanitaria, y los instrumentos fiscales deben desempeñar un papel primordial. La primera prioridad, salvar vidas, requiere un gasto plenamente acomodado en pruebas y tratamiento, que requiere una coordinación global, incluyendo apoyo a países con capacidad de salud limitada, mediante donaciones y financiamiento en condiciones favorables y el desarrollo de una vacuna de bajo costo.

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Salvar vidas también requiere distanciamiento social -un componente clave de la protección colectiva a nivel nacional y mundial- que impone costos aún mayores a través de una menor producción, menores ingresos tributarios y la necesidad de proteger a las personas y empresas más afectadas. Esto puede hacerse mediante medidas amplias, oportunas, temporales y específicas, como licencias familiares y por enfermedad remuneradas financiadas por el Gobierno, transferencias, prestaciones de desempleo, subsidios salariales y aplazamiento de los pagos de impuestos. Del mismo modo, el apoyo de liquidez a las empresas puede reducir el riesgo de quiebra.

El brote de COVID-19 y sus consecuencias financieras y económicas provocarán un importante aumento de los déficits fiscales y de las ratios de deuda pública en comparación con proyecciones anteriores.

A medida que disminuya la producción, los ingresos caerán aún más bruscamente. El gasto necesario en salud y las medidas fiscales y de gasto para apoyar a las personas y las empresas también tendrán costos fiscales directos, estimados actualmente en 3,3 billones de dólares a nivel mundial. Además, aunque los préstamos del sector público y las inyecciones de capital, las garantías y otros pasivos contingentes pueden apoyar a las empresas financieras y no financieras, también crean riesgos fiscales.

Sobre la base de las respuestas normativas hasta la fecha, se prevé que los saldos fiscales en 2020 se deterioren en casi todos los países, y que se estimen considerables expansiones en los Estados Unidos, China y varias economías europeas y asiáticas. Aunque un aumento considerable de los déficits este año es necesario y apropiado para muchos países, la posición inicial en algunos casos presenta vulnerabilidades (la deuda pública mundial fue del 83 por ciento del PIB en 2019).

La situación es más preocupante para los mercados emergentes y las economías en desarrollo que enfrentan múltiples conmociones, entre ellas la pandemia, un empeoramiento abrupto de las condiciones de financiación, una débil demanda externa y precios más bajos de los productos básicos (para los exportadores de productos básicos). Incluso después de los esfuerzos de la comunidad mundial por aliviar esas limitaciones financieras, estos países tendrán que volver a priorizar el gasto hacia el sector de la salud salvaguardando al mismo tiempo los servicios públicos clave (transporte, energía, comunicaciones) y la protección social.

La magnitud del impacto de COVID-19 en las finanzas públicas es muy incierta en este momento y dependerá no sólo de la duración de la pandemia, sino también de si la recuperación económica es rápida o la crisis arroja una larga sombra. Dado que el apoyo del sector público se presta a una escala extraordinaria, incluidos vehículos como préstamos y garantías, la transparencia es crucial para gestionar los riesgos fiscales.

A medida que los países contengan la pandemia y acaben los cierres, un estímulo fiscal coordinado y de base amplia, dependiendo de las limitaciones financieras de los países, se convertirá en un instrumento más eficaz para fomentar la recuperación. La salida de las medidas excepcionales introducidas durante la crisis también será adecuada. Una vez que las economías se recuperen, será necesario avanzar en el logro de la sostenibilidad de la deuda.

Súmate al esfuerzo por controlar esta emergencia sanitaria, el Perú está en nuestras manos, sigamos las recomendaciones de nuestro Gobierno, quédate en casa”

Fuente: Fondo Monetario Internacional (FMI).

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